Con la llegada del otoño, cuando parece que toda la flora pierde intensidad con la caída de las hojas de los árboles, podemos encontrar esta bonita flor en muchas zonas de pradería, claros de bosque y bordes de caminos húmedos. Lugares bien drenados pues no tolera los encharcamientos, aunque es capaz de soportar condiciones adversas como son las heladas.

Resulta fácil y muy atractivo localizarlas en los pastos de alta montaña pues tiene algo de toxicidad, a diferencia de su pariente cercano el azafrán de cultivo (Crocus sativus), por este motivo las vacas y animales de pasto no las comen.

Son plantas vivaces que se desarrollan mediante pequeños bulbos y sus hojas, que nacen en la primavera, se marchitan y desaparecen a finales del verano, por lo que están ausentes en la floración que se produce durante todo el otoño.

Las flores, muy vistosas, tienen forma de embudo con un largo tubo, dividido en seis piezas semejantes de color malva. En el interior encontramos los estambres, rematados en tres estigmas anaranjados. El fruto es una cápsula membranosa dividida en tres cavidades, donde se alojan las semillas.

El azafrán silvestre, además de ser un buen productor de semillas, tiene la capacidad adicional de reproducirse a través de estolones subterráneos que salen de sus diminutos bulbos.

Artículo original de: https://plantassilvestresdeasturias.blogspot.com

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